Vuelve la Fotogalería del Teatro San Martín

La reapertura oficial de este espacio de culto de la fotografía y las artes visuales será el 12 de junio, junto con la inauguración de la muestra Máxima reserva de Lucrecia Plat y Carlos Ginzburg. 

 

Con la inauguración de la muestra Máxima reserva de Lucrecia Plat y Carlos Ginzburg, el próximo 12 de junio, la Fotogalería del Teatro San Martín vuelve a exhibir la mejor fotografía nacional e internacional, ahora bajo la dirección de un nuevo comité curatorial que continuará en la tarea de dar cuenta de la complejidad y diversidad de las artes visuales, así como descubrir nuevas genealogías y reflexionar acerca del lugar que ocupa esta invención que, a casi dos siglos de su nacimiento, sigue modificando nuestra percepción del mundo.

 

UN POCO DE HISTORIA

La Fotogalería del Teatro San Martín –creada en 1985 por Sara Facio, quien la dirigió hasta 1998 para luego ser sucedida por Juan Travnik– se constituyó en las últimas décadas como un espacio de referencia ineludible, de culto dentro del circuito de la fotografía y las artes visuales argentinas. Bajo la nueva dirección de un comité curatorial conformado por Rosana Schoijett, Bruno Dubner y Ariel Authier, la Fotogalería continuará la tarea de dar cuenta de la complejidad del medio fotográfico, además de brindar un panorama de su rica diversidad.

A través de investigaciones en archivos y ensayos autorales, o articulando obras alrededor de una hipótesis teórica o formal, las sucesivas exhibiciones buscarán poner en escena las distintas corrientes estéticas de la fotografía. Un recorrido que descubrirá nuevas genealogías posibles que ayuden a mirar desde otros puntos de vista, al tiempo de reflexionar acerca del lugar que la fotografía ocupa hoy y de sus relaciones con el mundo de los objetos, las ideas y la representación.

 

 

MÁXIMA RESERVA

Tanto Plat como Ginzburg desnaturalizan los usos más convencionales de la fotografía profesional y amateur al tiempo que se valen de sus códigos más característicos para usarlos a favor de las obras. Como en un campo de batalla donde los cadáveres se apilan unos sobre otros, las fotografías de Plat y Ginzburg cargan con tres instancias de la violencia: la original de las vanguardias, la acometida por la publicidad y la restitución a cargo del Pop.

Lucrecia Plat utiliza los códigos más crudos de la fotografía social para exhibir boites, desfiles y cocktails entre otros espacios del placer porteño, casi todos repletos de sonrisas feroces como en una pintura de Jorge De La Vega.

También la foto de viaje en Carlos Ginzburg, donde es el artista mismo quien mira a cámara desde variados escenarios exóticos. Esta personificación de la alienación, desmontaje de la figura creadora inocente y ajena, constituye una parodia urticante del turismo de masas y su racismo solapado.