Mandinga Tattoo, tatuajes solidarios para ayudar a las personas

En el barrio de Lugano queda Mandinga Tattoo, el salón de tatuajes más grande de Sudamérica. Diego Staropoli, fundador de Mandinga, conversó sobre sus proyectos solidarios y de la Expo Tattoo 2020, una de las convenciones de tatuajes más importantes del mundo que comienza hoy.

El tatuaje es una forma de expresión conjunta. Es la unión de los sentimientos del artista con los de portador de la obra de arte. Es una foto del momento de la vida de aquellos que se dejan llevar por el dolor de las agujas y el color de la tinta. Diego Staropoli es el fundador de Mandinga Tattoo, uno de los primeros salones de tatuajes de la Argentina. mandinga se encuentra en el barrio de Lugano, y cuenta con una sucursal en San Telmo.

Los tatuajes se eligen. La elección de Diego es ayudar a levantar la autoestima de las personas. Y es que en Mandinga trabajan con mujeres operadas de cáncer de mama, reconstruyendo las areolas mamarias. Esta reconstrucción gratuita ya ayudo a 1240 mujeres, las que se autodenominaron “El Club de las Tetas Felices“. El otro proyecto se llama “Tatuajes Sanadores”, que ayuda a personas víctimas de violencia de género, que tienen quemaduras o lesiones. Cuando la medicina ya no tiene forma de reconstruir esas marcas, en Mandinga las tapan con tatuajes. “Cambiamos dolor por arte”, dice Diego.

Mandinga Tattoo
Con las reconstrucciones de areolas mamarias ya ayudaron a más de 1200 mujeres que padecieron cáncer de mama.

Escrito en el cuerpo

Los tatuajes de Mandinga Tattoo se inspiran en el arte milenario originado en Japón. En los años 40 el tatuaje moderno resurgió en los puertos de Nueva York, y tomo impulso a principios de los 90. Casi 30 años después, en la Rural de Palermo  los días 6, 7 y 8 de marzo tendrá lugar la edición número 16 de Expo Tattoo Show, un evento multitudinario que convoca artistas de 15 países.

Cuando las personas deciden usar su cuerpo como un lienzo, no tiene sentido buscar explicaciones lógicas, racionales. Nuestra cultura no tiene incorporada la tradición del tatuaje. Sin bien hay evidencias de que algunos de nuestro pueblos originarios se tatuaban, quedó un vació muy grande que no permitió mantener esta costumbre. Diego piensa que internet y el boom de las comunicaciones influyó para la adopción masiva de esta forma de arte. “Antes estar tatuado era un estigma”, piensa Diego.

Carmen Barbieri, Coco Silly, El Polaco y Lautaro Martinez son algunas y algunos de los que conocieron el dolor de las agujas de Mandinga. Incluso Bruce Dickinson, el vocalista de la megabanda Iron Maiden, se tatuo en Mandinga.

En el barrio de Lugano se encuentra el salón que con dos pisos y 600 metros cuadrados es el más grande de Sudamérica. Pero Diego empezó tatuando en un baño del Mercado Central. “Era el único lugar donde podía tatuar sin que me lleven preso. El tatuaje era algo totalmente clandestino”, recuerda Diego. Corría el año 1991, y ya adentrados en plena democracia, sus clientes eran convictos y delincuentes. “Era todo muy extremo. Tatuaba con miedo. Si queda mal, este tipo me asesina”, pensaba por aquella época. Había una movida punk, una movida metalera, pero sus clientes en su mayoría eran ex convictos.

De un baño en el Mercado Central al salón de tatuajes más grande de Sudamérica.

La expo

Segun medios europeos, Expo Tattoo Show se encuentra entre las 10 mejores convenciones del mundo. Durante 3 días, la convención reúne a los grandes artistas del tatuaje argentino, artistas internacionales, moda, vendedores de insumos, y otras atracciones como el concurso Miss Tattoo, concurso de Barberos, shows musicales, batallas de gallos, batallas de barberos, food trucks y más. Además, se van a juntar donaciones para la fundación.

Agradecer a la vida

De tatuar a delincuentes paso a conocer famosos, actores, músicos. Diego comparte asados con Django, el cantante al que tatuó hace 20 años. Dice que vive este éxito con algo de culpa. Recuerda a su padre, que trabajaba muchísimas horas, y cree que a él le fue mejor sentado haciendo “dibujitos con una maquinita”. La manera de agradecerle a la vida es devolver a los que no tuvieron oportunidades.

La fundación Mandinga apadrina escuelas rurales y hospitales en todo el país.

Además de las reconstrucciones mamarias con tatuajes, Mandinga desarrolló una fundación que apadrina 14 escuelas rurales, que agrupan a más de 500 chicos. Uno de los proyectos de la fundación es comprar un micro sanitario y equiparlo con un mamógrafo, para llegar a pueblos donde no hay posibilidades de hacerse controles médicos.

Tambien, recuerda la historia de Susana, la madrina de Mandinga Tattoo. “Ella quedó viuda a los 80 años y a los 86 años se hizo su primer tatuaje. Hoy está cumpliendo 89 y tiene caso el 90 por ciento del cuerpo tatuado”. Es que el tatuaje es un viaje de ida.


Más información

https://www.mandingatattoo.com/ | Instagram: @mandingatattoo

Entradas para la Expo Tattoo 2020 por Ticketek